Londres es famosa por sus taxis, la familia real y otros elementos característicos. En los últimos días se habla de las rebajas, consideradas las mejores de toda Europa. Pero si algo me ha dejado una huella en la memoria son las obras de Banksy.
Banksy, haciendo sus obras en total anonimato, conquistó el interés de la prensa y de la crítica. Ha vendido obras a precios considerables y como la fama no trae consigo sólo cosas buenas ha sido víctima de robo. El artista “sin rostro” tuvo que cancelar una exposición en Brighton porque los ladrones le habían llevado diez de sus obras en Mayo del 2007.
Un mes antes, sin embargo, no fueron los ladrones quienes quisieron hacerle pasar un mal momento a Banksy, sino los mismos empleados del municipio encargados de limpiar la estación metropolitana de Old Street. La obra, valorada en unos 400 mil dólares representaba una imagen de Pulp Fiction donde en vez de pistolas, John Travolta y Samuel L. Jackson empuñaban bananas. Un portavoz de la Transport of London declaró: “Tenemos una línea precisa sobre los graffiti y no pensamos cambiarla. Hay quien considera arte lo que hace Banksy pero nuestros obreros son limpiadores profesionales, no críticos de arte”.
Sin embargo no todo es negativo. Peter Wheatley y Paul Biggs fueron condenados por la justicia tras haber cubierto con pintura negra el “kissing policemen” que había sido pintado por Banksy en una esquina del pub Prince Alberte en Trafalgar Street. Como si fuera poco, Will Moore —propietario del pub— se encargó de la restauración de la obra de arte, para la alegría de los frecuentadores del local y turistas armados de cámara fotográfica.
Ahora Inglaterra se viste con otro tipo de arte, llamado arte ecológico. El autor, que jamás mostraría su identidad para evitar cualquier condena, ha recibido los títulos de “Green Banksy” y “Climate Man”. El problema de sus manifestaciones no es que sean graffiti, sino que afectan a toda la población. Sin ser visto, entra en las centrales eléctricas y las apaga, escapando inmediatamente. Quedan como pruebas las registraciones de las cámaras del circuito cerrado de seguridad; pero sirven a poco, pues no se le ve el rostro. Se considera que durante el tiempo que dichas centrales permanecen apagadas, se deja de emitir un 2% de dióxido de carbonio en el Reino Unido. Nos queda la duda si lo suyo sea arte o extremismo.
Otro arte es el realizado por los “Biotic Baking Brigade” que la tienen cogida con los máximos representantes del capitalimo. ¿Recuerdas el periodista que le lanzó los zapatos a Bush? Pues estos chicos hacen algo muy parecido. Lanzan tortas a cualquiera les caiga mal. Ya tienen experiencia de su arte Bill Gates, el economista Milton Friedman y el Rey sueco Carl Gustaf.
Está probado que si escoges la clandestinidad para expresarte, el misterio creado a tu alrededor llamará la atención de los medios de prensa. Arte o activismo, no importa.