Hubiera querido que visitaras mi cuerpo
al menos esa noche
y cruzaras el lado lluvioso de mis piernas
desnudo
tu sexo rodando por mi espalda hasta caer
dentro de mi convertido en una tempestad blanca
Pero te fuiste como una noche inconclusa
cuando yo te hubierta amado y muerto acto seguido
-convenientemente-
por miedo a sufrir a ser la lluvia repartida
¿No ves que estoy desierto sin tu voz?
¿No vez que sin ti nada me queda
más que un llover moribundo
sobre la sal del recuerdo
tu recuerdo al teléfono
que trato engañar con música culta
pero que regresa a beber de tu sexo
cada gota tuya
infierno mío
corriendo garganta abajo en aguaceros?
¿Qué nube me ha robado tu sabor?
¿A dónde huyes con la promesa de tu Vellocino?
cuando yo solo hubiera querido
que vistieras con tus pasos este Argos
que te aventuraras por esta baracoa neblinosa
hacia la estación que lleva tu nombre por piel
Aquí en mi pecho hay una isla
que vive solo para que tú la descrubras
Sé que te asombra este arrebato
Mas
no me culpes por desear de esta manera insana
cada gota de dolor atravesante
que nace de la punta del placer de un rayo tuyo
dulce luz
muerte segura
Yo solo hubiera querido morir esa noche
lloviznado por ti
en una colvulsión de olores y truenos
y renacer sin prisa bajo la lluvia intemporal