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Rock Coroner: veinte cadáveres para comprender la música rock

La muerte fue un importante status symbol durante la época del Rock’n Roll . Si un artista moría a temprana edad, su cuerpo se convertía en algo más que una leyenda y entraba en el olimpo de la historia musical.

La Editorial Chinaski ha publicado recientemente en Itlaia “Rock Coroner: Autopsia de la música en veinte cadáveres excelentes “.

El libro, que se presenta como el folleto de un álbum, se ocupa de los mayores o los personajes más discutidos en la escena musical y les analiza a través de sus muertes.

Comienza con el curioso asesinato-suicidio de Kurt Cobain, nos ilustran los mácabros últimos momentos del misterioso Euronymousm y se termina con el adiós del irreverente G. G. Allin.

Leyendo “Rock Coroner” descubrimos que el lema “sexo, drogas y rock and roll” ha tenido una influencia real en la vida y la muerte de las personas analizadas.

Nos encontramos ante demostraciones de satanismo, brujería, canibalismo, trastornos de la alimentación y no quedan dudas sobre el dificilísimo y estresante mundo de los negocios que los artistas debían enfrentar.

¿Algunos ejemplos?

Todos saben que Charlie Parker, conocido como “Bird”, es el saxofonista más “rock and roll” del jazz y padre del bebop. Parker era adicto a la heroína y alcoholizado. Pues lo encontraron muerto en casa de una baronesa —su amante y amiga. Teniendo en cuenta sus costumbres, podemos imaginar las causas de su muerte… Murió mientras veía un programa de televisión.

El médico que encontró el cadáver dijo que el hombre no podía tener menos de 53 años. Sin embargo, Charlie Parker tenía sólo 35. Y como si fuera poco, se comenta que la baronesa que lo albergaba, pertenecía a raras sectas.

O el caso de Layne Staley, voz de la famosa banda Alice in Chains. El 19 de abril de 2002 fue encontrado el cuerpo sin vida de Layne, en su apartamento. Después de dos semanas del descubrimiento, la autopsia comprobó la muerte por sobredosis. Layne Staley se había inyectado una dosis masiva de heroína mezclada con cocaína.

Lo más curioso de la muerte de Layne es encontraron una cámara en su habitación que había filmado durante doce días el cuerpo en descomposición. ¿Quién pudo haberlo hecho?

Queda demostrado que la autopsia de un vip será siempre un evento interesante. El editor del libro, nos dice en la introducción: “¡tápate la nariz pero no las orejas!”

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