Como nos enseña Sexo en la Ciudad, que ha dedicado varios episodios al problema, regalarle una joya a una mujer tiene sus pros y sus contras. Por un lado, el gesto será bienvenido pero por otro, es un regalo tan personal que no es fácil adivinar los gustos y preferencias del destinatario.
Para resolver este dilema, las escuelas de pensamiento son dos: o regalas algo que cueste poco o exageras. Si perteneces a la segunda categoría, entonces apreciarás el trabajo de los orfebres Rachel Murawski y Liz Lessner. Estos joyeros tienen una particularidad, toman como modelo para sus valiosas piezas algo que es absolutamente personal: las cicatrices.
It’s my Scar es el nombre de la línea nacida gracias a la idea de una amiga en común, Francesca. En 2008 la chica se enfermó de cáncer de tiroides que fue eliminado por completo. Para celebrar el proceso de cicatrización y superar las numerosas secuelas, Francesca pidió a Rachel y a Liz que le calcaran la cicatriz y la reprodujeran en oro, transformándola luego en un colgante. El extraño collar se hizo tan popular entre amigos y conocidos, que decidieron ofrecer el mismo servicio al público.
Bajo el lema “Reclama tu pasado y ponte tu historia”, Liz y Rachel abrieron Itsmyscar.com. Los clientes pueden elegir el metal que será utilizado, el tamaño de la joya, e incluso pueden escoger si su cicatriz será transformada en un anillo, un collar o aretes. Sólo tienes que enviar una foto de la cicatriz escogida. Los precios varían de 200 a $ 1500.
El sitio muestra algunos testimonios de clientes satisfechos. Michelle y su esposo, por ejemplo, han creado dos pulsas gemelas: la primera es la reproducción de su cesárea; la segunda, una antigua herida de guerra de él. Sonya, sin embargo, ha osado aún más pues no lleva una cicatriz suya sino la de otra persona: el collar que ordenó representa la operación a corazón abierto de su hermano.
No faltan quienes han tenido razones mucho más triviales para recordar sus heridas. Como Amanda que se hizo una herida enorme mientras su amigo borracho trataba de escarificarla. La herida le dañó el músculo, pero ella se negó a curársela porque: “era como una ventana a través de la cual he podido mirar dentro de mí y lo quiero recordar por siempre” —declara.
Quedan sepultadas en el olvido muchas otras historias, quizás las más interesante. Liz y Rachel afirman que hay incluso quienes piden una réplica en platino de la cicatriz de la vasectomía. ¿Qué decir? Para gustos se hicieron los colores…



