Estaba subiendo las escaleras que conducían a la habitación. No sé por cuál razón no lograba distinguir si se trataba del liceo o de la universidad. Tanta juventud a mi alrededor no dejaba dudas, se trataba de los albergues de un centro estudiantil que no me parecía familiar.
De repente comencé a escuchar un rumor que venía de la calle, como de autos que sonaban el claxon para que la gente dejara espacio libre y proseguir. Luego las escaleras se llenaron de curiosos que corrían hacia la calle que pasaba debajo de los balcones. Algunos se detenían a señalar desde las ventanas y tener un mejor ángulo de observación. Algo había sucedido en la acera.
Una muchacha había muerto. Decían que por entretenida y por no caminar por la acera. Pero alguien, que no tenía ni rostro ni voz, dijo que por lo menos se iba satisfecha: algunos minutos antes había hecho el amor con el hombre que amaba.