Como miles de apasionados del entretenimiento doméstico, estoy esperando a que salga Aion. Hoy terminé temprano de trabajar y muy habría podido jugar un rato, para que pase el tiempo y dejar que la adrenalina me relaje sanamente mientras hago misiones o mato otros jugadores en un combate. Eso podría hacerlo muy bien con World of Warcraft, pero la verdad es que me da mucha pena regalarle 13 euros a Blizzard por apenas una semana de juego. Está claro que dentro de una semana estaré de a lleno en el mundo de Atreia —si el trabajo me lo permite.
El juego online ayuda a olvidar el presente, a gastar menos dinero en otros entretenimientos “sociales” como las discotecas durante los fines de semana o los aperitivos en un bar o en un pub cuando se regresa del trabajo; pero por otra parte crea tanta adicción que hay momentos en los que podrías colmar tu ausencia de empeños con una buena lectura o una películas y sin embargo no lo haces, el cerebro ni siquiera te lo sugiere.
Para empezar un juego como estos debes tener claro si continuar una vida de soltero o asegurarle a tu novio que no le serás infiel con otro, porque simplemente ya lo estás siendo con el juego.
Hace días el peso de la soledad hacía mella en mi. Ahora que me acostumbro a mi apartamento vacío, al sofá y al digital terrestre de poca calidad. Creo acomodarme… Incluso no busco una pareja. El 25 de septiembre podré comenzar a jugar Aion y me haré una templar que llamaré Oltos, de alas negras —por supuesto.
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Actualización: me cansé de Aion y lo dejé en noviembre. Se estaba convirtiendo en un segundo trabajo.