Este ha sido mi desayuno dominical: He-Man en versión gay. Aparte de la regresión a la infancia por unos minutos, me hizo recapacitar sobre esos pensamientos que tenemos aún de pequeños y que nada tienen que ver con el “deseo” sino con el “gusto” o la “simpatía”.
Creo que ya desde pequeñitos estamos dentro de un mundo fantástico del que es difícil salir, pero no imposible porque al final sirve para darle colores más brillantes a la realidad.